Tuvimos una más que interesante charla con Diego Turdera, cantante de Nocturnos; no te la pierdas

"Generalizar es peligroso, pero observo en muchas bandas de hoy en día un descuido notable en el nivel del discurso: las letras no buscan decir nada nuevo, profundo, movilizante."

Nocturnos

¿Cómo forma actualmente Nocturnos?

Nocturnos cuenta con 4 miembros estables: Lucas Ferreyra en la batería (la más nueva incorporación), Nahuel Devia en la guitarra, Fernando Turdera en el bajo y Diego Turdera en la voz y guitarra. Mantener una formación a través de los años fue uno de nuestros desafíos más grandes: que un grupo musical se mantenga unido o no depende de muchos factores (hablo de motivaciones personales, compromisos, química humana entre los integrantes, economía, etc.), y fuimos testigos de cómo se separaron unas cuantas bandas amigas y conocidas debido a que en algún punto no pudieron sortear esta dificultad.

Por fortuna, nuestro presente nos encuentra muy motivados y listos para mostrar a una contundente banda de rock hacer lo que sabe hacer.

¿Cómo fueron sus comienzos?

El proyecto arrancó en el año 2015, justamente tras la disolución de un proyecto anterior. Nos vimos enfrentados a la realidad de querer seguir haciendo música, pero sin contar con experiencia, contactos o siquiera un material para presentar. El camino se fue allanando (solo hubo que empezar a caminar), y ese mismo año grabamos nuestro demo de 4 temas que aún hoy se encuentra disponible. Sin dudas lo que marcó nuestros inicios fue el hecho de –sin contar el breve paso de una saxofonista- ser 3 integrantes: el formato trío era a la vez habilitante y restrictivo, ya que a nivel musical nos permitía explorar el lado más crudo y potente del rock. Al mismo tiempo, las dificultades propias de una banda tales como conseguir fechas, entablar relaciones con otras bandas y medios artísticos, solventar económicamente el proyecto, darle publicidad y demás se hacían aún más cuesta arriba siendo pocos miembros. Igualmente nos abrimos paso como pudimos dentro de la escena a golpe de numerosas presentaciones en vivo, y definitivamente esos comienzos austeros fueron los que nos enseñaron todo lo que sabemos hoy en día.

¿Cómo se describirían desde lo musical?

Nocturnos es una banda de rock. El problema empieza cuando hace falta encasillar aún más al género, agregando etiquetas que son un invento, porque las bandas son entes vivos que pueden salirse cuando quieran de esas categorías. La banda abreva de una fuente inabarcable que es la cultura rock en su totalidad. Sin embargo, me parece que lo que más se puede escuchar a la primera son las influencias del rock de los ’80, con esa mezcla especial que surgió con el post-punk, la rabia del conjunto guitarrero y la melancolía que el sonido de la nueva ola (new wave) le impregnaba a todo esto. Aun así, estamos lejos de querer ser una banda que emule algo que ya se hizo (a propósito de las tendencias que se pueden ver hoy en día, con bandas queriendo ser “vintage”). Tratamos de ser originales en las composiciones, al menos dentro del marco que nos da el género: sabemos que no estamos inventando la rueda, pero sí la estamos haciendo girar.

Más allá de la situación actual, ¿cómo ven la escena emergente de hoy día?

La escena emergente goza de una salud tremenda. Creo que, si se hiciera un censo de bandas y artistas musicales solo a nivel de Buenos Aires, el número fácilmente llegaría a los cientos de miles. Sinceramente es alentador saber que existe tamaña cantidad de bandas queriendo hacer música nueva, original; eso habla muy bien del estado de la cultura musical nacional, que a pesar de todas las pálidas viejas y nuevas todavía tiene empuje para salir a decir lo que tiene para decir.

Ahora, si se me permite la analogía, la escena emergente es como cuerpo sano físicamente, pero lo que a mí me preocupa es su salud psíquica. Sabemos que generalizar es peligroso, pero observo en muchas bandas de hoy en día un descuido notable en el nivel del discurso: las letras no buscan decir nada nuevo, profundo, movilizante. En el mundo siguen pasando cosas terribles, creo que a un nivel mayor en cantidad y calidad, pero sin embargo las letras de rock contemporáneas, que deberían ser un testimonio de la época y reflejar con una retórica a la altura de estos tiempos el estado actual de las cosas, son a menudo vacías, superfluas, con poco contenido y descomprometidas con la realidad. Quizás sea un signo de estos tiempo de modernidad tardía: al estar expuestos a un número cada vez mayor de estímulos sensoriales, bombardeados por noticias ingratas y extorsionados por un sistema económico que aprieta cada vez más, nuestras mentes ya no tienen lugar para pensar en todo lo que está mal y tratar de denunciarlo, como el rock en su tradición más contestataria y contracultural fue capaz de hacer.

Nosotros nos alineamos tras esa mencionada tradición, para seguir tratando de contestarle a esta realidad fragmentada y dispersa.

Toda la movida de redes sociales hace muy fácil compartir tu material (antiguamente dependiente de discográficas y demás), pero también más grande el espectro al cual accede el público (antes era más una cuestión de curiosidad encontrar bandas emergentes y ahora están todas en Spotify). ¿Cómo ves toda esta realidad?

Sea una casualidad o algo cuidadosamente planeado, el hecho es que este estado de cosas tiene más desventajas que ventajas, por lo menos para la mayoría. Como siempre, la mercantilización lleva a concebir a todo como un mercado que se rige con la ley de la oferta y la demanda. Bajo estos términos, hoy en día hay una sobreabundancia de oferta: cientos de miles de bandas que disputan 1 minuto de atención de un consumidor “x”, solo para después ser olvidada tras una avalancha de nuevos lanzamientos. Yo creo que el problema no es la cantidad de bandas (lejos de eso), sino más bien la manera extorsiva de monopolizar y controlar el consumo de la música por parte de las grandes plataformas digitales (Spotify, YouTube, Amazon, Apple). No existe consumo musical por fuera de esas plataformas, porque los soportes tradicionales (CDs, cassettes) quedaron en desuso (más allá del revival del vinilo, que representa un consumo más elevado y por lo tanto más caro). Una vez asegurada la hegemonía, las plataformas controlan lo que escuchamos mediante algoritmos que siempre se miden en base a lo que es más rentable, es decir, alentando la escucha de bandas privilegiadas en detrimento de otras nuevas y desconocidas.

Es un tema complejo, porque su solución no es sencilla. Pero lo que sí es necesario es una democratización del consumo musical, porque en la actualidad quienes ganan siempre son las mismas personas y las personas que hacen música se llevan la menor parte de las ganancias (un poco como pasaba en la época de las discográficas).

Es cierto lo que decís, los algoritmos no vienen a sociabilizar el consumo, a distribuirlo equitativamente. Pero tampoco era igualitario el soporte físico, con grandes cadenas (Musimundo la más famosa en el país) digitando sobre que bandas mostrar y cuánta exposición darles. Viví esa época siendo un adolescente (me tocó fines de los 90s comienzo del 2000), y conseguir el disco de la banda que hacía su primer Cemento era imposible, salvo en rockerías; y no todos tenían una cercana. En los 70s necesitabas alguien que viaje afuera para conocer a Sabbath y una banda de acá no grababa con facilidad. Plataformas de piratería (tipo Napster) hicieron que si alguien lo compartía, se pudiera conseguir, pero sin ningún rédito para la banda. Parece un problema sin solución en un mundo capitalista. ¿Le ves una vuelta?

La pregunta es muy buena, y como dijimos, es un tema complejo. Depende qué se entiende por solución: claramente hay grandes beneficiarios que se aprovechan de la configuración actual de la industria de la música y esa gente no ve ningún problema. Para ellos hay ganadores y perdedores, y quienes están como están lo están por sus propios méritos. Es decir que justifican esa desigualdad sin tener en cuenta los factores que inciden en que una banda, por ejemplo del interior del país con 20 años de trayectoria y sonido profesional, tenga que mover cielo y tierra para conseguir un mínimo de atención del mainstream.

Nosotros, que vemos un problema en todo esto, tenemos la tarea de entender cómo funciona y tratar de cambiar esas reglas de juego. Entiendo que los artistas no tienen el control sobre la industria, pero sí son la gente que tiene la influencia por ser las caras visibles: en otras palabras, poseen capital simbólico y, si bien a veces no alcanza para competir contra el capital económico, yo creo que tiene un peso suficiente como para generar un cambio de consciencia. Si los artistas denunciaran colectivamente que el mercado musical es oligopólico, que existe un techo de cristal que las bandas se ven incapaces de romper, que prácticamente no existe fomento estatal a la actividad musical (no hablo solo de financiamiento, sino de oportunidades reales de que la actividad se desarrolle en condiciones dignas y seguras: desde controles transparentes a los lugares para tocar hasta la valorización de la propia cultura nacional), quizás se pudiera generar un movimiento que presione para que todo cambie. Ahora, si eso no pasa, es porque también hay privilegios dentro de las propias bandas: artistas que no les importa el estado de la escena y que se benefician de esa ignorancia.

La cultura no se puede disociar de la sociedad: vivimos en un espacio relacional y las esferas sociales influyen la una sobre la otra. Si la forma cambia (ahora el consumo es digital con las plataformas pagas, antes era analógico con los CDs y cassettes), pero el contenido es el mismo (compañías que deciden qué bandas exponer en base a criterios de rentabilidad económica) es porque hay algo de fondo que no cambia. Claramente quien tiene privilegios no va a renunciar a ellos. La problemática a la que el rock -como expresión de un movimiento juvenil contestatario- trataba de responder sigue vigente hoy más que nunca. Hay más individualismo y eso causa fragmentación, dispersión: las bandas no se conectan entre sí para buscarle una vuelta, sino que se compite para ver quién se queda con las pocas oportunidades que hay. Quizás nunca se llegue a una "solución" en sí misma, pero lo que sí tenemos que hacer es tratar de ir en esa dirección para equilibrar la balanza.

¿Qué nos pueden contar sobre su primer disco oficial "La ley de nuestra noche"?

Lo que puedo decir para aquellas personas que no lo escucharon es que es un disco de rock. Todo lo demás que pueda decir va a ser dañino para la primera escucha, que pienso debe ser activa y sin prejuicios.

Esta obra es la culminación de un trabajo sostenido de años, la cristalización de todo lo que aprendimos en nuestros 6 años de banda: es nuestra carta de presentación, nuestra piedra basal y nuestro humilde aporte a la cultura del rock nacional. A través de sus 10 canciones, proponemos una mirada propia usando el lenguaje artístico del rock, que remite a la noche (con sus peligros y maravillas), a la urbanidad (con sus lujos y miserias), a lo que nos conmueve y nos moviliza. Esperamos que podamos lograr una conexión con las personas que lo escuchen, a un nivel misterioso pero inigualable.

¿Cómo llevaron el aislamiento? ¿Y están armando algo para su público, ya sea presencial o a distancia?

Tuvimos la suerte de poder seguir trabajando a distancia en los primeros meses del aislamiento, mezclando y masterizando el disco (La Ley de Nuestra Noche) que ya estaba grabado antes de la cuarentena. Tuvimos el placer de trabajar con Fercho Bertuccio (cantante de Revanchistas), quien ya nos había grabado el demo allá por el 2015.

Estamos trabajando varias ideas: cerrando nuestra vuelta a los escenarios de manera presencial, preparando material audiovisual, pensando en incorporar más integrantes, continuar nuestra gira de prensa. Todo se va a ir anunciando mediante nuestras redes sociales.

En este mundo hiperconectado, ¿cómo y dónde podemos escucharlos y seguir sus novedades?

Nos pueden encontrar en las principales plataformas digitales (Spotify, Tidal, Deezer, Apple Music) buscando “Nocturnos” o “Nocturnos Rock”.

También nos encuentran en las principales redes sociales: Facebook (como Nocturnos Rock), Instagram (como @nocturnosrock) y YouTube (como Nocturnos Rock).

¿Cómo se llevan con las redes sociales? ¿Las manejan ustedes o laburan con alguien?

Es una relación amor/odio. No somos fanáticos, cada integrante posee cuenta en las redes, pero estamos lejos de ser mega expositivos o tener “actitud influencer”. También tratamos de mantener una línea estética propia en los posteos y publicaciones de la banda, sin caer en lugares comunes. Por ahora las gestionamos nosotros, pensamos que son ventanas importantes que dejan ver cuál es la postura del grupo y no quisiéramos que den una imagen que no nos representa.